No hace falta que un laboratorio prestigioso o un gran científico nos trate de explicar lo que despierta en nuestro cerebro ver fotografías de nuestros seres queridos, de viajes inolvidables o de nuestra infancia… Sólo hace falta fijarse en cómo se humedecen los ojos de una persona de avanzada edad o como reacciona su cuerpo cuando todos estos recuerdos vuelven a su mente.

El cerebro está dividido en dos hemisferios: uno que ha evolucionado de tal manera que observa el mundo en términos de pequeños momentos (por así decirlo), y otro que capta el momento de una manera completa, como si de un gran cuadro se tratase.

Todas las interacciones entre estos cuadros se pierden con los años. El gran reto de la tecnología actual se centra en tratar de recrear ese gran cuadro, porque sólo una fotografía en papel o digital nos permite activar el primer hemisferio.

Debemos seguir invitando al cerebro a recordar los pequeños momentos vividos para seguir manteniendo presentes todos los detalles del pasado. Es en este punto dónde no podemos dejar de lado los recuerdos que nos aportan los álbumes fotográficos o los vídeos. Es decir, no podemos renunciar al poder que las imágenes tienen. Queramos o no, nuestros ojos obligan al cerebro a grabar todo aquello que ven. Después, nuestros recuerdos son almacenados de manera progresiva, de forma que cuanta más exposición tengamos más presentes estarán en nuestro recuerdo.

Así, podemos decir que la vista es el sentido humano más perfecto y evolucionado. Nuestra memoria y nuestros recuerdos se nutren de imágenes fotográficas. Y la tecnología intenta replicarlos en los dispositivos electrónicos de la forma más real posible con el único fin de recrear lo que nuestro cerebro percibe.

En los laboratorios se comprueba el impacto que las imágenes tienen en los procesos cognitivos, no sólo en niños y jóvenes, sino también en personas de edades avanzadas. Las últimas investigaciones aclaran que la imagen es un potente instrumento de permanencia o duración de la memoria. Sin imagen es difícil que algo se asiente en la memoria a largo plazo. Y sin memoria a largo plazo no se produce felicidad.

Por todo ello, te invitamos a que des un paseo por tus álbumes de fotos y vídeos caseros junto a tus seres queridos. Además de una excelente manera de disfrutar acompañado de los tuyos activaréis miles de zonas cerebrales positivas.

 Artículo escrito por Andrés Piñate (Product Manager)

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